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| + | ====== I PRIMEIRA ESCARAMUÇA COM O TEMA (MT:C1) ====== | ||
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| + | ==== Meditação da Técnica ==== | ||
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| + | === Capítulo I === | ||
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| + | //ORTEGA Y GASSET, José. Meditação da Técnica. Tradução e Prólogo de Luís Washington Vita.// | ||
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| + | PREFÁCIO | ||
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| + | Com o nome de Meditação da técnica, ofereço ao público um curso desenvolvido no ano de 1933 na Universidade de Verão de Santander, que então foi inaugurada. Este curso, como observará em seguida o leitor, não foi, propriamente, | ||
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| + | Não devia publicá-las em volume, pois nem sua forma nem seu conteúdo são trabalho concluso. Mas em La Nación jaz trabalho meu deste gênero, e igualmente imaturo, para encher muitos volumes. Nesse trabalho eu acredito que existem, toscas ainda ou balbuciantes, | ||
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| + | José Ortega y Gasset | ||
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| + | <tabbox português> | ||
| + | Um dos temas que nos próximos anos será debatido com maior brio é o do sentido, vantagens, danos e limites da técnica. Sempre considerei que a missão do escritor é prever com ampla antecipação o que será problema, anos mais tarde, para seus leitores e proporcionar-lhes a tempo, isto é, antes de que o debate surja, ideias claras sobre a questão, de modo que entrem no fragor da contenda com o ânimo sereno de quem, em princípio, já a tem resolvida. On ne doit écrire que pour faire connaître la vérité — dizia Malebranche, | ||
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| + | Assim sendo, agora me atrevo a remeter a La Nación as notas, nada literárias, | ||
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| + | Intentemos um primeiro ataque, ainda tosco e de longe, a essa interrogação. | ||
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| + | Acontece que, quando chega o inverno, o homem sente frio. Este " | ||
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| + | É, portanto, falha a explicação pelo instinto. Com ele ou sem ele concluímos sempre que o homem sobrevive porque quer e isto é o que despertava em nós uma curiosidade talvez impertinente. Por que normalmente quer o homem viver? Por que não lhe é indiferente desaparecer? | ||
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| + | Vamos agora entrever a resposta. Basta-nos, ao menos por hoje, com partir do fato bruto: que o homem quer viver e, porque quer viver, quando o frio ameaça com destruí-lo, | ||
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| + | Outra necessidade do homem é alimentar-se, | ||
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| + | Ora, a satisfação destas necessidades costuma impor outra necessidade: | ||
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| + | Com ser tudo isto tão óbvio que — repito — encabula um pouco enunciá-lo, | ||
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| + | E, pelo visto, esse empenho é tão grande que quando o homem não pode satisfazer as necessidades inerentes a sua vida, porque a natureza ao derredor não lhe propicia os meios inescusáveis, | ||
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| + | Aquecimento, | ||
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| + | Por outro lado, isto esclarece ura pouco que o homem possa desentender-se provisoriamente dessas necessidades, | ||
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| + | O animal não pode retirar-se de seu repertório de atos naturais, da natureza, porque não é senão ela e não teria, ao distanciar-se dela onde meter-se. Mas o homem, pelo visto, não é sua circunstância, | ||
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| + | Notemos que todos estes atos têm uma estrutura comum. Todos eles pressupõem e levam em si a invenção de um procedimento que nos permite, dentro de certos limites, obter com segurança, a nosso ver e conveniências, | ||
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| + | De onde resulta que estes atos modificam ou reformam a circunstância ou natureza, conseguindo que nela haja o que não há — seja que não existe aqui e agora quando se necessita, seja que em absoluto não existe. Pois bem, estes são os atos técnicos, específicos do homem. O conjunto deles é a técnica, que podemos, desde logo, definir como a reforma que o homem impõe à natureza em vista da satisfação de suas necessidades. Estas, vimos, eram imposições da natureza ao homem. O homem responde impondo por sua vez uma mudança à natureza. É, pois, a técnica, a reação enérgica contra a natureza ou circunstância que leva a criar entre esta e o homem uma nova natureza posta sobre aquela, uma sobrenatureza. Anote-se, portanto: a técnica não é o que o homem faz para satisfazer suas necessidades. Esta expressão é equívoca e valeria também para o repertório biológico dos atos animais. A técnica é a reforma da natureza, dessa natureza que nos faz necessitados e indigentes, reforma em sentido tal que as necessidades ficam, a ser possível, anuladas por deixar de ser problema sua satisfação. Se sempre que sentimos frio a natureza automaticamente pusesse à nossa disposição fogo, é evidente que não sentiríamos a necessidade de esquentar-nos, | ||
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| + | Fica aqui esta primeira e tosca aproximação à pergunta: Que é a técnica? Mas, agora, uma vez obtida essa aproximação, | ||
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| + | <tabbox original> | ||
| + | Uno de los temas que en los próximos años se va a debatir con mayor brío es el del sentido, ventajas, daños y límites de la técnica. Siempre he considerado que la misión del escritor es prever con holgada anticipación lo que va a ser problema, años más tarde, para sus lectores y proporcionarles a tiempo, es decir, antes de que el debate surja, ideas claras sobre la cuestión, de modo que entren en el fragor de la contienda con el ánimo sereno de quien, en principio, ya la tiene resuelta. On ne doit écrire que pour faire connaître la vérité —decía Malebranche volviendo la espalda a la literatura. Hace mucho tiempo, dándose o no cuenta de ello, el hombre occidental no espera nada de la literatura y vuelve a sentir hambre y sed de ideas claras y distintas sobre las cosas importantes. | ||
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| + | Así ahora me atrevo a remitir a La Nación las notas, nada literarias, de un curso universitario dado hace dos años, en que se intentaba contestar a esta pregunta: ¿Qué es la técnica? | ||
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| + | Intentemos un primer ataque, aun tosco y desde lejos, a esa interrogación. | ||
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| + | Acontece que cuando llega el invierno, el hombre siente frío. Este «sentir frío el hombre» es un fenómeno en que aparecen unidas dos cosas muy distintas. Una, el hecho de que el hombre encuentre en torno a sí esa realidad llamada frío. Otra, que esa realidad le ofende, que se presenta ante él con un carácter negativo. ¿Qué quiere decir aquí negativo? Algo muy claro. Tomemos el caso extremo. El frío es tal que el hombre se siente morir, esto es, siente que el frío le mata, le aniquila, le niega. Ahora bien; el hombre no quiere morir, al contrario, normalmente anhela pervivir. Estamos tan habituados a experimentar en los demás y en nosotros este deseo de vivir, de afirmarnos frente a toda circunstancia negativa, que nos cuesta un poco caer en la cuenta de lo extraño que es, y nos parece absurda o tal vez ingenua la pregunta: ¿Por qué el hombre prefiere vivir a dejar de ser? Y, sin embargo, se trata de una de las preguntas más justificadas y discretas que podamos hacernos. Suele salírsele al paso hablando del instinto de conservación. Pero acaece: 1.º, que la idea de instinto es en sí misma muy oscura y nada esclarecedora; | ||
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| + | Es, pues, fallida la explicación por el instinto. Con él o sin él desembocamos siempre en que el hombre pervive porque quiere y esto es lo que despertaba en nosotros una curiosidad acaso impertinente. ¿Por qué normalmente quiere el hombre vivir? ¿Por qué no le es indiferente desaparecer? | ||
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| + | Nosotros vamos ahora a soslayar la respuesta. Nos basta, al menos por hoy, con partir del hecho bruto: que el hombre quiere vivir y, porque quiere vivir, cuando el frío amenaza con destruirle, el hombre siente la necesidad de evitar el frío y proporcionarse calor. El rayo de la tormenta invernal incendia una punta del bosque: el hombre entonces se acerca al fuego benéfico que el azar le ha proporcionado para calentarse. Calentarse es un acto por el cual el hombre subviene a su necesidad de evitar el frío, aprovechando sin más el fuego que encuentra ante si. Digo esto con el azoramiento con que se dice siempre una perogrullada. Sin embargo, nos conviene —ya lo verán ustedes— esta humildad inicial que nos empareja con Perogrullo. Ahora no vaya a resultar que encima de decir perogrulladas las digamos sin entenderlas. Eso sería el colmo, un colmo que con gran frecuencia practicamos. Conste, pues, que calentarse es la operación con la cual procuramos recibir sobre nosotros un calor que está ya ahí, que encontramos —y que esa operación se reduce a ejercitar una actividad con que el hombre se encuentra dotado desde luego: la de poder caminar y así acercarse al foco caliente. Otras veces el calor no proviene de un incendio, sino que el hombre, transido de frío, se guarece en una caverna que encuentra en su paisaje. | ||
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| + | Otra necesidad del hombre es alimentarse, | ||
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| + | Ahora bien; la satisfacción de estas necesidades suele imponer otra necesidad: la de desplazarse, | ||
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| + | Con ser todo esto tan obvio que —repito— da un poco de vergüenza enunciarla, conviene reparar en el significado que aquí tiene el término necesidad. ¿Qué quiere decir que el calentarse, alimentarse, | ||
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| + | Y por lo visto ese empeño es tan grande, que cuando el hombre no puede satisfacer las necesidades inherentes a su vida, porque la naturaleza en torno no le presta los medios inexcusables, | ||
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| + | Calefacción, | ||
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| + | Por otra parte, esto aclara un poco que el hombre pueda desentenderse provisionalmente de esas necesidades, | ||
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| + | El animal no puede retirarse de su repertorio de actos naturales, de la naturaleza, porque no es sino ella y no tendría al distanciarse de ella dónde meterse. Pero el hombre, por lo visto, no es su circunstancia, | ||
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| + | Notemos que todos estos actos tienen una estructura común. Todos ellos presuponen y llevan en sí la invención de un procedimiento que nos permite, dentro de ciertos límites, obtener con seguridad, a nuestro antojo y conveniencia, | ||
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| + | De donde resulta que estos actos modifican o reforman la circunstancia o naturaleza, logrando que en ella haya lo que no hay —sea que no lo hay aquí y ahora cuando se necesita, sea que en absoluto no lo hay. Pues bien; éstos son los actos técnicos, específicos del hombre. El conjunto de ellos es la técnica, que podemos, desde luego, definir, como la reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades. Éstas, hemos visto, eran imposiciones de la naturaleza al hombre. El hombre responde imponiendo a su vez un cambio a la naturaleza. Es, pues, la técnica, la reacción enérgica contra la naturaleza o circunstancia que lleva a crear entre ésta y el hombre una nueva naturaleza puesta sobre aquélla, una sobrenaturaleza. Conste, pues: la técnica no es lo que el hombre hace para satisfacer sus necesidades. Esta expresión es equívoca y valdría también para el repertorio biológico de los actos animales. La técnica es la reforma de la naturaleza, de esa naturaleza que nos hace necesitados y menesterosos, | ||
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| + | Quede aquí esta primera y tosca aproximación a la pregunta: ¿Qué es la técnica? Pero ahora, una vez lograda esa aproximación, | ||
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